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Camara de gasesRecuerdos July 28 La monogamia y la infelicidad de las mujeresAcerca de la poligamia no vale la pena de ninguna forma discutirla, sino que se debe aceptar como un hecho que se da en todas partes, y de lo que se trata es meramente de regularlo. Pues ¿dónde hay realmente monógamos? Todos nosotros vivimos en la poligamia al menos durante un cierto tiempo, y en la mayor parte de los casos siempre. Dado que, en consecuencia, cada humano necesita muchos humanos, es justo que se le permita velar por muchas mujeres u hombres, incluso que se le obligue a hacerlo. De esa manera, la mujer volverá a su situación correcta y natural, mientras que la dama, este monstruo fruto de la civilización europea y de la necedad cristianogermánica, con sus ridículas pretensiones de respeto y veneración, desaparecerá del mundo: sólo habrá mujeres, y ya no más mujeres infelices, de las que Europa está llena en la actualidad. July 02 Todas las mujeres son mias.Ayer tuve un sueño, soñé con todos mis amores del pasado, soñe con aquella mujer que vi en el metro por unos minutos y juro que la extraño aun tanto, soñé con la que estuve una noche, con la que tuve unos meses y hasta la que ahora tengo, pero también a la que quize y no me quizo, a la que busqué con los ojos y no logré que me viera, a la que le declaré mi amor y no me correspondió.
Todas ellas estuvieron frente de mi, en su tiempo, de acuerdo a los sucesos de mi vida, y todas ellas me amaron, ha sido increible esto, soy feliz, mi vida no es futil, nunca más lo será y esto no es un paliativo de mi soledad profunda, esa que nunca me quiere dejar solo.
Cada una me dio lo que me tenia que dar, las palabras que quize recibir, la mirada esperada, el abrazo sincero, el beso primero, el cuerpo tibio que logré desnudar con la mirada y con menor luz, con las manos, no puedo describir la sensación de haber quitado el primer corpiño de aquel amor, no existen palabras que lo puedan expresar, sería grotesco siquiera intentarlo describir, pero lo sentí.
Cada una de ellas me dio lo que en ese momento mi vida suplicaba, lo que podia recibir.
November 30 Canto 1Trabajo en Reforma 476.
No veo una sola pizca de suciedad en ningún sitio, ni una mancha de inmoralidad que ataña este lugar todo es perfección y vocación de servicio. Aquí estamos todos solos y estamos muertos. Anoche descubrí que tenía un piojo antes de irme a casa.
Tuve que echarme agua en la cabeza, y ni siquiera así se me quitó la comezón. ¿Cómo puede uno agarrar piojos en un lugar tan pulcro e inmaculado como éste?
Pero no importa. Puede ser que no hubiéramos llegado nunca a conocernos tan íntimamente ese piojo y yo, si no hubiera sido por la alfombra. El bolero acaba de ofrecerme un resumen de sus opiniones.
Es un profeta del tiempo. Dice que continuará el mal tiempo. Habrá más desgracias, más muertes, más desesperación y despidos. Ni el menor indicio de cambio por ningún lado. El cáncer del tiempo nos está devorando. Nuestros héroes se han matado o están matándose. Así que el héroe no es el Tiempo, sino la inmoralidad. Debemos marcar el paso para cerrar filas, hacia la prisión de la muerte. No hay escapatoria. El tiempo no va a cambiar. November 15 A mi orbeNo tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, creía que me gustaba escribir. Ya no me gusta, soy la escritura de mi mismo. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. Ya no hay más relatos que escribir, gracias a Dios.Entonces, ¿éste? Éste no es un relato. Será algo futil, una calumnia, una difamación. No es un comentario en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, es un escupitajo a la cara del Arte, una patada en el culo a Dios, al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza... a lo que les parezca mejor y sagrado. Cantaré para todas aquellas que me han tomado, las que me han mostrado la verdadera cara del hombre, la verdadera cara del cielo y del infierno, tal vez desentontaré un poco igual, pero cantaré. Cantaré mientras ellas, bailen sobre este inmundo cadáver...Para cantar, primero hay que abrir la boca. Hay que tener dos pulmones y algunos conocimientos de música. No es necesario tener un piano ni una guitarra. Lo esencial es querer cantar. Así, pues, esto es una canción. Estoy cantando.
September 08 Mi generaciónEscribo, luego de varios años de no hacerlo, con aquellas turbulencias propias de la gente de mis años el fracaso diferido en el tiempo, los sueños jamás concebidos, nunca rotos o despedazados, con la propia de mi generación, de lo único que puedo hablar ahora es de esa misma ausencia de fe y entusiasmo. No sólo el entusiasmo puede ser creativo, no sólo las ganas de vivir sino el flujo acostumbrado de la incomprensión diluida en lágrimas mantiene las palabras y un cierta nece(si)dad a flote. A mi generación parecen habérsele perdido algunos años como ocultos entre suicidios ilustres e ilustrativos, en espera del amanecer. Y este tiempo que pasó without notice transformó, sin embargo, nuestros pensamientos y cavilaciones… suave murmullo pesado que siempre nos ha acompañado. Algunos de nosotros nos hemos esforzado por realizar cosas significativas que sofoquen aquella extraña pregunta siempre humana del por qué y para qué y, no obstante que hemos prescindido como nadie de la religión, de la fe y la esperanza por inanición y desidia, respondiendo con ingeniosas soluciones pacíficas, las preguntas siguen ahí, ahora confundidas con las imposibilidades aprendidas de la edad y el desasosiego progresivo, conscientes del tiempo que nos traspasa irremisiblemente. Nuestra tradición rebelde e inclinaciones a la franqueza nos impiden tomar paliativos intelectuales ya inconsistentes con aquellas pasadas renuncias (El che, Ghandi, Lazaro Cardenas...). La tristeza nos invade, esta vez asociada con un objeto mejor identificado: la vida que se escapa. Al despertar al mundo adolescente, las dudas eran un poco más difusas, pero la melancolía era, detrás de todo esto, la misma. El ímpetu por entrar nadando, aspirando la vida con todos sus colores, las alegrías experimentadas, poco a poco cedieron lugar al rigor de nuestro pensamiento crítico, es decir: el crítico casi siempre es una persona infeliz. Demasiado conocimiento sobre cuestiones que jamás lograban concordar: desde incongruencias documentadas hasta teorías fantásticas, desde comportamientos faltos de integridad hasta los más evidentes desengaños, inconsistencias difíciles de conciliar sin una fuerte dosis de estupidez o ignorancia menos frecuente que en otras épocas. Vivimos quizá una especie de romanticismo, una atracción morbosa por la infelicidad racional. Por un lado podríamos jurar que de verdad queremos ser felices, por otro, nos dejamos seducir por los encantos de la pureza del espíritu, el orgullo de la adolescencia y la superioridad intelectual. Aún más, muchos de nosotros no tuvimos problemas reales o muy graves pero la desazón continúa ahí. Antes tomó la forma de una generación que no podía ser comprendida, luego la de un nuevo mercado objetivo y finalmente la de sueños que jamás soñamos y que no vemos realizados con la madurez y la vejez que se acerca. Quizá nuestras preguntas básicas hayan sido las mismas que han atormentado a los elementos más conscientes de la humanidad y es como si hubiéramos estado más expuestos que el resto, la actitud crítica nos desnuda. Fuimos más sensibles y menos cobardes para negar su existencia pero no tan dedicados a la hora de aterrizar nuestras respuestas intelectuales en soluciones extendidas que pudieran hacer juego con el resto de las ideas. Preferimos vivir en paz. Ya éramos un poco flojos así que lo dejamos pasar. Algo de nuestra valentía persiste y es lo que nos impulsa a seguir tratando de ser diferentes aunque sea haciendo las cosas correctamente. Por supuesto, siempre fuimos irónicos y sarcásticos, desde la infancia aunque con un sentido de la justicia bastante peculiar obsequio seguramente de la cultura literaria. Siempre declaramos nuestra independencia y eso nos permitió no dejarnos vencer por el sopor del entorno. No nos hemos rendido, somos, después de haber sido considerados los más apáticos, quienes finalmente tenemos el control, la generación que ha participado en múltiples cambios sutiles. No somos los héroes de una revolución, eso no va con nuestra idiosincrasia, hemos sido más bien aquellos participantes reservados y efectivos. Hoy atravesamos por el mundo con gran fuerza dejando rastro sin ser presuntuosos. Este es nuestro mundo, nuestro tiempo, llegó, como muchas otras cosas en nuestra vida, sin llamarlo. |
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